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Por Carlos SambricioAl estudiaT las n•ansformaciones existentes en el Madrid de Carlos lli aparece nna contrad ic- ción que nunca los historiadores se han preocupado en explicar: por una parte sabemos -y los textos de época lo mencionan continuamente-que el Monarca modificó, con su política sobre la capital, aquella «burgata africana> que había encontrado a su llegada a Nápoles, ajustando la imagen de la ciudad al modelo urbano definido , pamlelamente en el tiempo, en Francia o Italia; se nos dice que Carlos III cambió Madúd, pero con la caTtografía a la vista es difícil saber realmente cuáles fueron las intel'Venciones propuestas, puesto que los documentas de la época (Chalmandrier, Espinosa de los Monteros o Tomás López) deformaron con sus planos la realidad, reseñando en ellos obras que nunca llegaron a realizarse (por ejemplo, el trazado de los Prados de Recoletos y Atocha; el proyecto inconcluso de Sabatini para Hospital General o la idea, también de Sabatini, de la ampliación sw• del Pa.Jacio Real), equivocando así a quien hoy pretenda utilizar la cartografía como documento fid edigno pan conocer la realidad de la ciudad.Aparece, además, otro hecho también conn•adictorio al contrastar cualquiera de los planos antes citados con el que, casi un siglo más tarde, Castro ofrece en su propuesta de Ensanche como el Madrid de 1857: entre ambas ciudades apenas existen diferencias y, de creer los do- cumen tos del XVIII, corremos el riesgo de pensar que ni en época de Carlos lli hubo interven- ciones en la trama ni tampoco, con José Napoleón se llegó a establecer una política sobre la núsma .Las anteriores contradicciones nos llevan a cuestionar una idea indefinida sobre el crecimiento de Madrid que ha sido asumida sin discusión: el perímetro definido por los Pasos se aceptaba como límite de la ciudad , sin haber sido explicado cuándo se alcanzaron éstos; dicho de otro modo, poco o nada se sabe sobre la realidad del crecimiento y desarrollo de Madrid en el siglo XVIII.En este sentido quisiera -en mi estudio sobre vivienda y ciudad en el Madrid de la Razón-partir de una doble premisa: entiendo, en primer lugar, que lacartografía del momento no refl eja la verdad de lo consn•uido en aquellos años -por lo menos en lo que se refiere a los grandes proyectos Reales-y por tanto deben valorarse como •manifiesto • de un programa ambicioso que no se llevó a cabo en su integridad; en segundo lugar, y a la vista de escasas diferencias existentes enn•e los planos del XVIII y los del XIX, creo que los primeros encierran valiosa información sobre el viario, bien definido ya en aquellos La \'i\'if!nda en l\hdrirl durant e el rr-inado de Carlos JJI Pablo Ramirez.Casa del Conde de la Conqu ista.Catálogo nº 314.puntuales, olvidan su crecimento y desarrollo.Poco es lo que en realidad sabemos de Madrid en estos años, e ignoramos casj todo sobre sus esb:ucturas: casi nada sobre cuáles eran las dotaciones de los banios; poco sobre los tipos de vivienda existente o sobre la ocupación real del suelo en aquellos momentos.Los historiadores del arte se hao centrado bien en recoger algunos ejemplos concretos --<>freciéndolos como paradigma de • la realidad-, bien en perseguir la figura de algún arquitecto señalado, buscando obras no conocidas: pero ni se ha valorado la tipología de vivienda para cada una de las clases sociales, ni se ha comprendido que los auténticos conslnctores de la ciudad fueron otros que arquitectos de la Academia o maestros de oh ras; y quien estudie los fondos del Archivo de la Secretaría del Ayuntamiento podrá ver, por ejemplo -y al principio con interés y luego con sorpresa-cómo Manuel Bran- di, totalmente desconocido por la historiografía, no sólo fue cuantitativamente el más importante de los arquitectos, sino que, además, trabajó para las grandes familias de la aristocracia, edificando numerosos palacios y grandes casas .Pero hay más: es sabido que, a pesar de Carlos UL Alca lde de Madrid, 17 88~-19 88 un sinsent1do.Por ello, recientemente Marín Perelló ha comentadoy a mi modo de ver, de forma equ ivocadacómo .. ... el gru eso del Madrid urbano no varía, ,Afirmar que • .. .el grueso de Ma
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