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siglos después de la conquista española de México y el Perú, los indígenas no sometidos controlaban aproximadamente la mitad del territorio que actualmente denominamos Hispanoamérica. 1 Por cierto, España no había conquistado por completo América durante el período de la Conquista.Los indígenas no sometidos ocupaban principalmente las zonas de bosque tropical o los territorios áridos en el norte de México, las tierras bajas de América Central y del Golfo de Darién, las cuencas del Amazonas y del 01inoco, el Gran Chaco, las pampas, Patagonia, y Tierra del Fuego. 2 Desde la perspectiva hispánica, los grupos indígenas ocupaban las fronteras del Imperio español en el Nuevo Mundo y sus tierras adyacentes; desde la perspectiva de los indígenas no sometidos, los españoles ocupaban las fronteras de las tierras que ellos controlaban, y el territorio circundante.• Actualmente estoy dedicado a la preparación de un libro, «Spaniards and 'Savagcs' in thc Agc ofEnlightcnmcnt}) que profundiza lós temas abordados en este artículo.Estoy en deuda nuevamente con mi colega William B. Taylor por su generosa lectura y comentarios.También me fueron provechosas la atención y sugerencias de Allan J. Kucthc de Texas Tcch Univcrsity, Raúl Mandrini de la Universidad Nacional del Centro, Tandil, Argentina, y de Sam Truett, Fellow(l997~98) en el Clemcnts Center for Southwcst Studics de la Southcm Mcthodist University.También agradezco a los organizadores de la South Central Socicty for Eightccnth-Ccntury Studies (Edmond, Oklahoma, Marzo l, 1997), y a la 66th Anglo-American Confcrcncc of Historians (Londres, Julio 4, 1997), quienes me impulsaron a escribir versiones preliminares de este trabajo.Micha el Rickcnbcrg, en un ensayo que llegó a mi conocimiento cuando ya había dado fonna a este artículo, plantca.sugcslivamcntcque en Argentina el centro colonial impulsó el exterminio de los indígenas en la década de 1770 cuando las reformas borbónicas alcanzaron a esa área, y que las élites de la frontera se opusieron a la aplicación de tal política; M. Rickenberg, «'Aniquilar hasta su exterminio a estos indios .. ' Un ensayo para repensar la frontera bonaerense ( t 770-t 830)}>, Ibero-Americana Pragcnsia 30 1996, pp.61-75.•• Southem Mcthodist University.1 Claudia Esteva Fabrcgat, Mestizaje en lbero-America, trad.John Wheat, (1 a cd.1988) Tucson, Univcrsity of Arizona Prcss, 1995, p. 232, estima que los indígenas no sometidos controlaban 3,9 millones de millas cuadradas.Las cifras para la Latinoamérica continental incluyen México (761.601m.c.), América Central (188.708m.c.), y América del Sur(6.875.000m.c.), lo que hace un total de 7.825.309millas cuadradas.El área efectivamente controlada por los indígenas no sometidos fue más extensa; Esteva Fabregatno toma en cuenta las posesiones cspailolas en lo que hoy son los Estados Unidos.Anuario IEHS 13 (1998) En la segunda mitad del siglo XVIll, cuando las fronteras de América se constituyeron en una preocupación central para España, los funcionarios borbónicos actuaron con renovada energía con el objetivo de conseguir la lealtad de los indígenas no sometidos que vivían en la periferia del imperio.Dichos funcionarios, formados en la época de la Ilustración, 3 añadió nuevos valores y sensibilidades a la tarea de control de los «salvajes», quienes asimismo habían desarrollado nuevos valores, categorías, y tecnologías tomadas de los españoles.A partir de la diálectica entre el programa que surgió de los centros borbónicos y los imperativos de la periferia hispanoamericana, las relaciones entre españoles y «salvajes» asumieron nuevas modalidades.4• Para los Habsburgos, quienes gobernaron España hasta 1700, los beneficios de extender la conquista territorial más allá de las tierras altas de México, América Central y América del Sur, en general, parecieron no merecer el esfuerzo.Con notables excepciones -tales como el área cacaotera de Venezuela, los valles de los ríos Cauca y Magdalena en la actual Colombia, ciertas zonas del Paraguay, y el Chile central al sur del Bío-bío-el rigor del clima, la inaccesibilidad, y una aparente escasez de recursos valiosos en las tierras bajas no estimularon a los españoles a apropiarse de esas regiones.Tales impedimentos continuaron desalentando a los funcionarios borbónicos que reemplazaron a los habsburgos en el siglo XVIII.5 Como fuera expuesto por un virrey del Perú a mediados del siglo XVIII, «Los paises no conquistados son unas selvas y 3 Utilizo el término «Enlightcnmcnb> (traducido siempre como Ilustración [N.del t.]), en sentido amplio, para indicar que ciertos funcionarios de la España del siglo XVIII se hicieron eco de los aspectos típicos de la sensibilidad de «la época de las luces>>.Los ilustrados españoles, al igual que los philosophes franceses, adoptaron puntos de vista muy divergentes y generalmente contradictorios.Sin embargo, a través de las tendencias particulares de la Ilustración española subyacía una fuerte creencia en el poder de la observación humana y de la razón ajenas a la influencia de la revelación divina o a la autoridad de los ancestros.En Espaüa, particularmente bajo el reinado de Carlos III (1759-1788), los funcionarios ilustrados intentaron aplicar la razón a las políticas públicas y de ese modo incrementare!comercio, la industria, la producción agrícola y, por supuesto, los ingresos de la Corona.Al mismo tiempo, el enfoque racional y científico dado a los problemas sociales prometía lib9rar a los súbditos de la Corona de la pobreza, la ignorancia y la opresión, convirtiéndolos en contribuyentes más productivos tanto en las colonias americanas como en la propia Espaüa.Cf. las principales tendencias intelectuales de la época en Peter Gay, The Enlightenment: An Interpretation, 2 vols., New York, Knopf, 1966, que ofrece una descripción completa y amena.En cuanto a la aplicación de tales ideas en las relaciones entre Espaüa y sus colonias americanas ver Ramón Ezquerra, «La crítica española sobre América en el siglo XVIII», Revista de Indias, encro~junio 1962, pp.159-283.4 En este trabajo utilizo los ténninos frontera (fi-ontier), periferia (periphe!JI) y zona fronteriza (borderlands) como sinónimos, expresión de esas vastas zonas de interacción entre las sociedades española y las de los indígenas no sometidos.Cf.David J. Weber y Janc M. Rausch (cds.)Where Cultures Meet: Frontiers in Latin American History, Wilmington, DE: Scholarly Resourees, 1994, pp.xiii•xiv.Los «Centros)) borbónicos hacen referencia a quienes definían la política en España (policy makers) y a los funcionarios de alto rango que les servían de interlocutores en los centros del Nuevo Mundo.Daniel R. Browcry Edward J. Lasserini ( eds.) Russia 's Orient: Imperial Borderlands and Peoples, 1700-1917, Boomington, Indiana Univcrsity Prcss, 1997, Introducción, pp.xiii-xiv, lamentan que «la mayor parte de la literatura acerca de la experiencia imperial de Rusia se haya concentrado en la política tal como era definida desde el centro, sumada a generalizaciones y conclusiones provenientes de los estamentos oficiales prestando poca atención a, primero, la indiscutible tensión entJ;'e teoría y práctica, segundo, a la influencia de las circunstancias locales sobre la implementación de las políticas ... ; y tercero, al rol de las autoridades y poblaciones regionales y/o locales en la formulación de la política efectiva y en su aplicación.>>Esas mismas falencias dificultan nuestra comprensión de la historia de América latina.Ver, también, Micha el Baud y Willclm van Schendcl, «Toward a Comparativc History ofBorderlands», Journal ofWorld History 8 (otoño 1997), pp.211-242; y la nota 11 O más abajo.En todo el hemisferk( los indios bárbaros estudiaron las técnicas de combate de los españoles, aprendieron a defenderse de ellos, adoptaron el uso de las am1as y los caballos españoles, y se reorganizaron a sí mismos mediante nuevas formas de gobierno o asociación.Los españoles comenzaron a sentir los efectos de estas transformaciones en el siglo XVI, a partir de la tan conocida resistencia efectiva de lps araucanos en el sur de Chile, los chichimecas en el norte de la Nueva España, y los chiriguanos en el sur del Perú-' Las regiones colindantes donde los españoles encontraron a los indígenas «indómitos» habían llegado a ser más extensas en la medida en que tanto los españoles como los indígenas se desplazaron hacia nuevas fronteras, así como en cuanto estos últimos obtuvieron pertrechos y armas de fuego a través de los rivales europeos de España.A mediados del siglo XVIII, quienes conducían la política de España tenían motivos para preocuparse no sólo de la destrucción que los «salvajes>> dejaban a su paso por las fronteras del imperio, sino también de que los indios bárbaros pudieran aliarse con el principal rival europeo de España, Inglaterra, y facilitar la expansión inglesa en tierras desde hacía tiempo reclamadas pero nunca ocupadas por España.Escribiendo desde Madrid en 1762 al momento de la conclusión de la Guerra de los Siete Años, que terminara mal para España, Pedro Rodríguez de Campomanes, uno de los principales teóricos borbónicos, siendo fiscal del Consejo de Castilla, explicaba esa amenaza claramente.En América del Norte, el fiscal veía peligro por todas partes.Ingleses de las Carolinas y de Georgia, junto a sus aliado~ indígenas, amenazaban los dominios de España en la península de la Florida, cuya ubicación estratégica a lo largo del canal de Bahamas les asignaban una importancia para el Caribe español similar a la de Gibraltar en el Mediterráneo.10 Mirando más al oeste, Campomanes temía que Inglaterra, al salir victoriosa de la reciente guerra contra España y Francia, pudiera convertirse en la nueva propietaria de Louisiana.Si los ingleses se aliaran con los indígenas no sometidos en Louisiana, advirtió que «serían funestas las conseqüencias para el dominio español en la América Septentrional.».11 También hizo indicaciones sobre la costa del Pacífico en América del Norte.Camp
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