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En la España que le tocó vivir, la figura y la obra de Castilla del Pino fue mucho más apreciada por los profesionales de las humanidades que por los de la psiquiatría.Él mismo buscó la compañía de filósofos, sociólogos y escritores con más agrado que la de sus colegas psiquiatras.Son abundantes los hechos que dan testimonio de ello: desde las editoriales en las que publicaba y las revistas en que colaboraba, hasta los invitados que seleccionaba para los seminarios de Antropología de la Conducta que organizaba anualmente en San Roque, sin olvidar el círculo de sus amistades personales.Esta querencia por los representantes de las humanidades y las ciencias sociales no es ajena a la naturaleza profunda de su obra teórica, en la que la fidelidad a la biomedicina (que en ningún momento dejó de estimar y cultivar) se articula con una fundamentación conceptual de carácter filosófico y sociológico que caracteriza decisivamente sus escritos.Con razón escribió Javier Muguerza que "la Psico(pato)logía de Carlos Castilla debería ser caracterizada, más bien que como una 'teoría general de la conducta' como una teoría general de la actuación, en el sentido que este vocablo -performance, en cuanto diferente, por ejemplo, de competence-tiene hoy, como decía, en la lingüística.La insistencia en la lingüística no es en manera alguna ociosa.Pues la lingüística, en efecto, es el modelo de ciencia en que la Psico(pato)logía ha de buscar, y busca de hecho, su inspiración."(Muguerza, 1995, p. 578) Ahora bien, la lingüística fue para Castilla del Pino más un punto de llegada que de partida.Antes hubo otras ramas de la filosofía y las ciencias sociales que le sirvieron de fundamento y le ofrecieron el marco conceptual de su reflexión teórica.Y esas disciplinas básicas fueron tan importantes que es en función de ellas como suelen distinguirse varias etapas en la trayectoria intelectual de Castilla.(Lázaro & Hernández-Clemente, 2009) Castilla del Pino se formó en neurología y psiquiatría en el Hospital General de Madrid durante los años 1943-49.Por entonces practicó además neuropatología en el Instituto Cajal.Y uno de sus maestros, el psiquiatra Eugenio Olivares, le abrió su biblioteca personal y le inició en la literatura del siglo XX: Proust, Joyce, Pirandello, Kafka… (Lázaro, 2003) En esta primera etapa de su obra pueden ser resaltados tres aspectos: 1) el interés por las bases neurológicas de las enfermedades mentales, que estudió en el Instituto Cajal; 2) la psicopatología de orientación fenomenológica que predicaba con entusiasmo su maestro de entonces, Juan José López Ibor; 3) la clínica psiquiátrica elaborada por autores como Kraepelin, Bleuler o Jaspers, que Castilla leyó detenidamente y aplicó en su práctica clínica.En Pretérito imperfecto relató sus esfuerzos por adquirir una buena formación clínica, científica y cultural en el difícil contexto del Madrid de los años cuarenta.
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