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Pilatos: ¡Hermanos míos: ya veis cómo nos han abandonado nuestros dioses!(...).Monques: ¡Oh soberano!¿Qué podremos decidir?Ya no queda nada, ya no nos podremos defender.Tal vez deberíamos ir ante el Emperador para llorar en su presencia.Tal vez se compadezca de nosotros. (Destrucción de Jerusalén)La llegada de los primeros misioneros franciscanos a la Nueva España, entre 1523 y 1524, marcó el inicio de una «conquista espiritual» 1 de la población indígena que sirvió además para justificar la conquista militar de aquellos pueblos.El proyecto evangelizador emprendido por los misioneros, vinculado tanto al proceso de dominio político y cultural de España en América como a la recuperación de la lengua y la cultura prehispánicas, abarcó los más diversos métodos destinados a la conversión y a la instrucción religiosa y cultural de los naturales, tales como la música, la pintura, la danza y, sobre todo, las obras dramáticas que, organizadas por los frailes, eran representadas por los indígenas en su propia lengua. 1 Término acuñado por Robert Ricard en su fundamental trabajo La conquista espiritual de México (1986).A.L.E.U.A./13 BEATRIZ ARACIL VARÓNEl presente trabajo se centra en una de las escasas piezas conservadas de ese «teatro evangelizador» novohispano, La destrucción de Jerusalén.Ejemplo de la adaptación de modelos tradicionales europeos al contexto americano que caracterizó este tipo de teatro, el manuscrito náhuatl conservado sobre este tema permitirá demostrar que, en ocasiones, la elección de determinados argumentos para las representaciones dramáticas se debió tanto a una finalidad propiamente religiosa como a la clara intención de los frailes de apoyar el poder español en América; por otro lado, determinadas peculiaridades de esta pieza ya tardía servirán asimismo para probar la existencia de una verdadera reelaboración y apropiación de dichos argumentos por parte de los naturales a lo largo de toda la época colonial.I El hecho histórico de la destrucción de Jerusalén, abordado en el mismo siglo I por Josefo en su De bello Judaico (donde se planteaba ya como castigo a los judíos por la muerte de Cristo), tuvo una amplia difusión en la literatura medieval europea: del siglo XIII es el poema anónimo la Destruction de Jérusalem, escrito en lemosín, sobre el cual se hizo una versión inglesa, Titus and Vespasian or The Destruction of Jérusalem, y una francesa en prosa con el mismo título de Destruction de Jérusalem, impresa en el siglo XV al menos siete veces y traducida al español a finales de ese mismo siglo con el título de Historia del noble Vespasiana 1 .Por lo que respecta en concreto al ámbito teatral, Rouanet señaló la existencia de dos «mystéres» franceses sobre La Vengeance de Jésus: el epílogo de la amplia obra de Eustache Mercadé titulada La Vie, la Passion et la Vengeance de Notre-Seigneur Jésus-Christ, del siglo XV, y La vengeance de Notre-Seigneur, obra impresa siete veces entre 1491 y 1539 (1901, IV, p. 211); en España se conserva asimismo una pieza teatral, el Auto de la destrucción de Jerusalén, recogida en el Códice de Autos Viejos (ibid., I, auto XXX, pp.502-524), que pudo componerse a finales del XVI.A esta época debe pertenecer asimismo nuestra pieza en lengua náhuatl 3 , en la que se recogen los elementos esenciales del tópico 2 Véase Lida de Malkiel 1973, p. 28; el trabajo de María Rosa Lida es fundamental para el estudio de este tema literario desde la Antigüedad hasta el siglo XIX.
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