Redefinir los Estados de la Europa occidental tiene implicaciones directas para sus respectivos sectores públicos.La amplia presión convergente ha llevado a programas de reforma mayoritariamente similares.Sin embargo, las diferencias permanecen en Europa occidental en lo que a la naturaleza, estilo, tiempo y evolución de las reformas respecta.Estas diferencias pueden ser explicadas analizando la naturaleza de dichas presiones, el tamaño y espectro del sector público tradicional, las ambiciones de los gobiernos, así como su compromiso ideológico y la durabilidad política, las estructuras de la política doméstica y la oportunidad administrativa.Los programas de reforma que se persiguen en varios países están caracterizados por distintas contradicciones y numerosas paradojas.El proceso de redefínición del Estado, a lo largo y ancho de Europa occidental, ha tenido inevitables consecuencias para las empresas públicas, las relaciones gubernamentales, y para las Administraciones públicas centrales, siendo estas últimas donde se centrará principalmente este artículo, que empieza describiendo las presiones que están definiendo esas Administraciones.Seguidamente, se presentará la general y ampliamente respuesta programática en Europa occidental.Tras ello serán exploradas y explicadas las diferencias entre los distintos programas.Finalmente, se examinarán las paradojas de todos ellos.El argumento general del artículo es que las presiones convergentes que están redefiniendo los Estados de Europa occidental, combinados con otras, tienen inevitables efectos directos o indirectos, sobre sus Administraciones públicas, empujando a los gobiernos a reformas amplia y crecientemente similares.Sin embargo, permanecen diferencias significativas en la naturaleza, intensidad, tiempo y ritmo de las reformas.Estas diferencias pueden explicarse en términos de las oportunidades ofrecidas por el entorno político-institucional y cultural en los que se persiguen.Más aún, muchas de las reformas, que tienen errores a distintos niveles, pueden tener consecuencias no previstas, indeseadas y paradójicas.GAPP n.° 7-8.Septiembre 1996 / Abnl 1997 ñas veces, crecientes conexiones entre empresas (empresas colectivas, intercambio de acciones, acuerdos de investigación o comercialización, ganancias minoritarias) no sólo en países diferentes sino también entre las empresas públicas y privadas.Este aumento de la hibridación extranjero/nacional, público/privado -a menudo motivado por gobiernos europeos occidentalesestá desdibujando no sólo la identidad, sino también las líneas de responsabilidad para los administradores públicos'.El impacto de ser miembro de la Unión Europea, lo que ha supuesto un creciente aumento del impacto normativo de Bruselas en sectores (tales como la ciudadanía, el medio ambiente, la protección al consumidor, e incluso la cohesión social), exclusivamente domésticos anteriormente, planteando así temas de información y coordinación administrativa, así como cuestiones complejas de personal y «cultura administrativa*.La Unión Europea tiene implicaciones indirectas para los sectores públicos nacionales, especialmente a través de las consecuencias de la convergencia monetaria (con sus requerimientos de una mayor disciplina presupuestaria), su política de la competencia (lo cual conlleva consecuencias a largo plazo para sectores públicos nacionales protegidos), sus extensas áreas políticas reguladas, y su creciente papel funcional .Ser miembro de la Unión tiene tanto requerimientos administrativos reactivos (ajustes al impacto) como proactivos (creando nuevos cuerpos administrativos para explotar el potencial de la Unión).Estos últimos pueden ser más notablemente observados a nivel regional 3 .El impacto de la Unión puede verse más dramáticamente en la implementación del artículo 48 del Tratado de Roma y la celebrada decisión del Tribunal (Comisión v. Bélgica, 17 de diciembre de 1980) la cual abrió muchos, efectivamente casi todos, los puestos nacionales del sector público a ciudadanos de otros Estados miembros.Un Estado miembro puede reservar para sus propios ciudadanos sólo aquellos puestos que requieran «participación, directa o indirecta, en el ejercicio de poder público» y funciones que tienen como objetivo «la salvaguardia del interés general del Estado y de otros cuerpos políticos».Por supuesto, esto no significa que las Administraciones nacionales hayan sido europeizadas en su composición.Pero ciertos puestos (a menudo a disgusto) se han ofrecido en muchos países donde un principio sacrosanto establecía que sólo ciudadanos nacionales podían servir al Estado.Presiones económicas y financieras, causadas por problemas de deuda y déficit públicos, de rentas públicas 28 del Estado y resistencia fiscal, y exacerbadas por las exigencias del criterio de Maastricht, han tenido un impacto directo en presupuestos administrativos y en el personal.Esta es probablemente la única gran presión {l'aguillon de base) para la reforma, y esto ha sido confesado abiertamente por varios gobiernos 4 .El eslogan «la fiesta ha terminado» del Reino Unido de los tardíos años 80, ha encontrado una traducción directa -la/esta é finita-en Italia en 1994.Y no es sólo el gobierno conservador británico el que insistió en que el sector público diera «valor al dinero» incrementando su eficiencia.El cambio paradigmático general, con su fuerte prejuicio ideológico contra el Estado, el gran gobierno, las abotargadas burocracias y las soluciones universalistas.En lo que a las Administraciones se refiere, el paradigma no ha sido alimentado solamente por economías orientadas hacia el estilo Chicago de mercado, sino también por teorías de elección pública (con sus simples nociones de comportamiento burocrático), por la teoría de agente-principal, por nuevas teorías de derechos de propiedad, y por análisis económicos del fracaso del sector público \ Una de las claves para entender este cambio paradigmático es llegar a la idea de que el ciudadano, un concepto problemático para los neo-liberales, es un consumidor individual, o, un cliente de servicios públicos, y tiene derecho a ciertos niveles de servicio, comprobados analizando sus rendimientos.Este avance desde la «época del cliente cautivo a la del consumismo» está lleno de consecuencias para el paradigma del tradicional servicio público 6 .El cambiante programa político en muchos países de la Europa occidental, con la creciente prominencia política de problemas tales como el medio ambiente, el tráfico de drogas y la ley y el orden; muchos de los cuales requieren nuevos cuerpos administrativos nacionales, transfronterizos o internacionales y cooperación, y muchos de los cuales necesitan expansión burocrática 7 .El rápidamente cambiante entorno político, especialmente en Alemania, la cual se enfrenta a la tremenda tarea de absorber los cinco La'nder orientales, en Italia donde está cambiando a las Repúblicas en circunstancias impredecibles, en España la cual está siendo testigo de las crecientes actividades dinámicas y autónomas de ciertas regiones, en Gran Bretaña, que ha dado recientemente la gran mayoría a un modernizador Partido Laborista, tras un largo período de hegemonía conservadora, y en Bélgica, que ha presenciado la casi total desintegración de las tradicionales estructuras adminis-GAPPn 9 7-8.
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