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Desde hace dos décadas desciende en el mundo el consumo de vino de forma continuada en dos millones de hectólitros aproximadamente al año (RODRÍGUEZ DE LA CRUZ, 1994), lo que ha llevado al arranque de plantaciones en la Unión Europea y Argentina hasta muy recientemente, sin alcanzarse a veces los efectos buscados debido al aumento de los rendimientos (BARDAJÍ AZCÁRATE, 1994).El descenso en el consumo no afecta, sin embargo, a todos los vinos.Los de baja calidad o sin etiqueta de especificidad experimentan un fuerte retroceso, mientras que los vinos de calidad con Denominación de Origen muestran una tendencia muy positiva, tanto en los países productores y consumidores tradicionales como en otros que se han incorporado recientemente al mercado de vino de calidad.El incremento de la renta de la población y la inclusión del vino en los hábitos gastronómico-culturales de las capas sociales de elevado poder adquisitivo son las razones fundamentales que explican el aumento del consumo de vino de calidad.Un factor a considerar también es la connotación del vino como producto sofisticado, lo que implica la apreciación por el consumidor de las características específicas de los distintos vinos.De ahí, que el reconocimiento de una marca o de una denominación de origen sea un factor destacado para mantenerse en el mercado, tratando las bodegas de adecuar su oferta a las exigencias del mercado.En España, por ejemplo, los vinos con D.O. han pasado del 23,3% al 35,5% del total de las ventas durante la última década, según el ESTUDIO NIELSEN (1998) sobre el mercado de vinos en España elaborado para el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada Rioja (en adelante CRDOCa Rioja).Los vinos españoles se han beneficiado comercialmente, además, de la incorporación de España a la Unión Europea, lo que ha supuesto el desmantelamiento paulatino de barreras comerciales y la apertura de mercados poco permeables anteriormente a la importación de vinos españoles.De otra parte, la devaluación de la peseta a mediados de los noventa los ha hecho muy competitivos en los mercados europeos, incrementándose las exportaciones de 5,7 millones de hectólitros en 1980 a 7,1 millones de hectólitros en 1996 (PIQUERAS, 1997).El Rioja participa muy activamente de la dinámica positiva del mercado de los
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