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José MONDÉJAR En el ánimo de todos está que utilizaré el nombre de español en su acepción lingñística, es decir, en la que aparece registrada en la quinta y última de la entrada español de la vigésima edición del DRI4E (1984): «Lengua española, nacida en Castilla como resultado de la peculiar evolución experimentada por el latín, y extendida al resto de España etc.».Respecto de español meridional entenderemos, en consecuencia, la variedad língiiística de la lengua española practicada en Andalucía.Precisados las acepciones y el alcance territorial de los términos, lo que ahora procede es ver de qué manera la promulgación de la Constitución democrática de España de 1978 ha podido influir en el cultivo, difusión y prestigio o, contrariamente, en su abandono, retracción y desestima.Como todos ustedes han podido comprobar por lo que han oido los dos días precedentes a éste en que hablo, y por lo que nos enseña la historia reciente de la política lingdística fomentada por el Gobierno de la Nación y llevada a cabo por los respectivos de las Comunidades Autónomas con lengua original propia distinta de la española, la promulgación de la Constitución ha redundado beneficiosamente en la utilización, enseñanza y propagación de las lenguas catalana, gallega y vasca.La exposición de los problemas y obstáculos que los hablantes y dirigentes de cada una de aquéllas tengan que resolver y superar, respectivamente, no es asunto que yo deba tratar ahora.Por supuesto que, como españoles y como estudiosos de las lenguas y de las literaturas peninsulares románicas, debemos alegrarnos de que hayan pasado los duros decenios en que el uso público e, incluso, privado en España de otra lengua que no fuera la española era considerado delito o, al menos, comportamiento censurable.Debemos alegrarnos de eso y de otras muchas cosas que la promulgación de la Constitución y de su desarrollo orgánico legal ha traido consigo para los españoles.Pero esta alegría, habría sido más Rérisla dc' fYtoIogia Rorndnica, val.111.1985.Editorial de la tiniversidad Complutcnse dc Madrid.José Mondéjar castellanas 1...] fue a la vez baño de identidad lustral y reacción de defensa contra el vacío de un largo desierto.Decir que no elegi la lengua sino que fui elegido por ella seria el modo más simple y correcto de ajustarme a la verdad.[.1 Muerta mi madre-terminael terreno iba a quedar despejado, pero la victoria de un castellano vuelto bumerán de sí mismo fue bastantes años posterior a mi entrega juvenil a la escritura: obra, no de una supuesta partenogénesis del catalán, sino de una temporal, pero necesaria defensa frente a la solapada invasión galicista.Mi conquista tenaz de un idioma propio y orgulloso de su diferencia se hizo, pues, en oposición dialéctica al estímulo generador de otras lenguas: sin esta correlación dinámica con el francis, el inglés o el árabe en la encrucijada feraz de varias culturas opuestas, no habría podido tributar mi modesto y respetuoso homenaje al Arcipreste de Hita en el ágora de Xemáa el Fna (Pp.36-39).En contraste con esta actitud generosa y valiente de hombre que no sólo afronta los hechos, sino que procura trascenderlos para que, lo que empezó siendo resultado de unas determinadas circunstancias adversas, se convierta en instrumento de gloria para él y para la literatura en cuya lengua su obra se expresa, el «charnego» Vázquez Montalbán, por otro nombre y otrora Sixto Cámara -de ascendencia gallega y murciana-, escribió un artículo que no tiene desperdicio, porque nadie intentó deshonrar a su propia lengua tanto -con la que posiblemente ya se haya enriquecido-para congraciarse con sus «connaturales» de originaria habla catalana, como él con el publicado en la revista Triunfo el año de 1977, cuyo título, «Defensa e ilustración de la lengua», que al contrario que en la pluma de Du Bellay, que destila amor y entusiasmo humanístico, en la suya destila sarcasmo, y que hace unos años fue comentado por Jiménez Losantos en su libro Lo que queda de España (Barcelona, 1979).No acierto a comprender cómo se puede intentar identificar, cómo se puede intentar hipostasiar la ideología de un individuo o de un grupo de gentes con la lengua en que la misma se expresa.Y mucho menos puedo comprender semejante despropósito viniendo de un hombre al que se le supone conocedor de la doctrina marxista y, concretamente, stalinista, de lo que es una lengua.En mi condición de lector asiduo de la obra literaria y gastronómica de Vázquez Montalbán, de historiador de nuestra lengua y del pensamiento lingt¡ístico, por razones de coherencia única y exclusivamente admitiría la postura del padre de Carvalho si, 1.~, renegara de toda su obra escrita en español; 2.0, dejara de utilizarla, y 3~Ó, se decidiera a escribir en la única lengua no «manchada» -cándida-hoy existente en el mundo, porque así ganaría las indulgencias plenarias lingúisticas y políticas que la catalanidad parecía ofrecerle antes de que llegara a convencerse de que escribir en español en Cataluña le obligaba (después de conocer los resultados de Ja encuesta por él, Castellet y Valíverdó confeccionaba y publicada en 1977 en Taula de can vi, bajo el título de «Escriure en castellá a Catalunya») a sentirse como «judío que vive en Praga y escribe en alemán», supongo que salvando las distancias, no explicitas, que separan a Kafka del autor de estas terribles palabras (Lo que queda de España, 44).El español, el español meridional y la Constitución de 1978 51 Cuestión segunda: el dominio lingiiístico histórico lina de las grandes preocupaciones de los gobiernos autónomos de las regiones de España es que todos sus ciudadanos practiquen la lengua originaria propia, incluso las gentes que, por el arbitrario trazado de los limites provinciales que Javier de Burgos estableció en 1836, han quedado dentro de la jurisdicción de un gobierno autónomo cuya lengua históricamente no es la de ellas, sino el español, y que con campañas políticolingiiísticas, con trabas administrativas y con conexiones mal disimuladas pretenden desterrarlo.Es el caso, por ejemplo, de grandes zonas de las provincias del País Valenciano: casi todo el interior de la provincia de Valencia y el Suroeste de la de Castellón; el Centro-Este y el Sur de la de Alicante.A este respecto, puede consultarse el mapa Dominis dialectais del cataló de la Enciclopédia Catalana (Barcelona, 1975).Es lícito suponer que alguien esté pensando que Jaime el Conquistador llegó con sus huestes hasta Murcia, ciudad que ocupó dos veces y las dos se la regaló a su yerno el rey Alfonso X, y que en la catedral de Orihuela todavía en el XVI se extienden documentos en catalán, pero hay que decir en honor de la verdad que dentro de los limites de la actual Murcia nunca se habló esa lengua y que en la comarca de Orihuela -tierra murciana hasta la división provincial de Javier de Burgos-la acción del ilustrado cardenal Belluga, motrileño igual que Javier de Burgos, desde su sede de Murcia, a la par que colonizó las tierras, sentó las bases de la definitiva incorporación de sus habitantes a la cultura difundida en español.Cuestión tercera: la libertad de expresión lingilistica
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