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notas sobre su dependencia y perspectivas", Reporte de Investigación núm.7 (1984), Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, México, que redacté junto con Rainer Enrique Hamel, a quien agradezco su autorización y comentarios al presente trabajo.Expreso también mi reconocimiento a Lydia Martínez C. por su valiosa ayuda en la mecanografía.281 282 tórico de las lenguas y de los grupos étnicos; 2 b) el gran avance logrado en la acumulación de conocimientos científicos acerca de las funciones sociales del lenguaje, esto es, de construcción, transmisión y transformación social (Luckmann 1984:9), y c) la reafirmación política de ciertos objetivos gubernamentales referidos al nacionalismo y a los factores de la identidad mexicana diferencial, que abren un nuevo espacio al trabajo y a la investigación sobre la cultura, con el fin de construir una historia propia y actual de la organización sociocultural del país.Independientemente de la verificabilidad de las hipótesis enunciadas, lo que intento remarcar aquí es que el relativo interés por el trabajo sociolingüístico se sustenta más bien en una tarea encargada, en una determinación institucional global, que representa el inicio de una segunda fase en la corta vida de esta disciplina en México.Dicho en otras palabras, se observa un proceso de reasignación de objetivos y una crítica a la capacidad de aporte de la sociolingüística, impulsada desde distintos sectores de la sociedad mexicana.3 El inicio de esta segunda fase de la sociolingüística en México se caracteriza, en primer lugar, por una línea de practicidad que proviene principalmente de los objetivos gubernamentales, 4 que implican una concepción eficienthta de la investigación: servir de anWfcedente inmediato o justificación de futuros modelos o programas, producir resultados "científicos" en un rango de tiempo bien determinado, y formular diseños y metodologías susceptibles de estandarizarse.Por carecer de la inclinación necesaria hacia los contenidos, esta practicidad promueve la tentación de regresar al enfoque objetivista, sincrónicodescriptivo de los hechos lingüísticos (Voloshinov 1972), en el cual imperaron los valores de la cuantificación y la formalización como las máximas interpretaciones de los datos lingüísticos.Y se difunde, de paso, la impresión del fracaso de las investigaciones "no prácticas" ni formalizables.Se presenta, por tanto, un reto para el proceso de defi-2 El desarrollo de nuevos programas en la Dirección General de Educación Indígena (DGEI) y en el Instituto Nacional para la Educación de Adultos (INEA), por ejemplo, parten del reconocimiento de fallas en la aplicación de materiales educativos y del método de alfabetización, respectivamente, por no haber considerado además los problemas sociolingüísticos en las regiones indígenas.3 Me refiero tanto a instituciones oficiales tales como el INI, la DGEI, el INEA, el Centro de Investigación para la Integración Social (cus, actualmente en disolución), la Dirección General de Culturas Populares, etc., así como a los propios destinatarios de los trabajos sociolingüísticos, que son los que promueven finalmente las motivaciones y los apoyos empíricos de las investigaciones.4 De hecho, no profundizo en la tan actual relación que puede existir entre la "apertura" del Estado hacia las minorías étnicas y la agudización de las medidas de reducción del gasto público.
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