y a Asun Gimeno. A Ángel de Castro y a Rosa López Mongil, por contagiarme su talante optimista acerca de la vejez y su afán investigador a partir de la propia práctica. A Daniel Benavides, quien a sus 95 años sigue alumbrando proyectos, como las 20.000 plantas de lavanda que comenzó a cultivar el pasado año y cuya primera producción verá la luz en el 2020. A Rosina Rodríguez, porque a sus 101 quería volver a ver conmigo el mar cada año como si se tratara de la primera vez… era ella quien regalaba frases como: "aquí no me aburro nunca aunque, si quiero, me aburro un poco". A Victoriano Mucientes a quien pedí que me desvelara el secreto de su longevidad y me confesó que la clave era intentar ser feliz, estando siempre ocupado pero encontrando siempre momentos para estar con los amigos y, sobre todo, ni discutir nunca ni disgustarse por nada: "a veces para ganar, hay que saber perder". A mi padre, porque a sus 85 años sigue trabajando su huerto, participa habitualmente en romerías populares y acompaña los domingos a su equipo de fútbol favorito. A Agustín Albarrán y a Patricia Herrán -también compañeros de la UVA-por si por el modo cómo han vivido intensamente sus vidas pudiera aportar algo de consuelo a sus muertes prematuras en el 2015. A todos cuantos creen que la mejor edad es ésta y el mejor momento es ahora.
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