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Este monográfico se centra en la interrelación entre el feminismo, el antifeminismo y las redes sociales.Las redes sociales se han convertido en un espacio imprescindible para la visibilización, el debate y la defensa del feminismo.Pero en los entornos virtuales podemos encontrar desde discursos y producciones profeministas hasta otros de signo más posfeminista o antifeminista.Y, si bien el feminismo se ha fortalecido a través de las redes sociales, donde el activismo ha cuestionado las violencias machistas (Keller, Mendes y Ringrose, 2016; Mendes, Ringrose y Keller, 2018; Araüna, Tortajada y Willem, 2019), también el antifeminismo y los ataques a las mujeres se han intensificado en tales espacios virtuales de la mano de grupos que generan y difunden mensajes misóginos aunando los atractivos de lo popular y lo digital (Jouët, 2017;Banet-Weiser y Miltner, 2016;Banet-Weiser, 2018).El feminismo, en definitiva, encuentra en las redes sociales un ámbito desde el que promover entornos de debate, elaborar un discurso propio y fortalecer el activismo, pero, para ello, no sólo debe afrontar una creciente misoginia institucionalizada (Núñez Puente y Gámez Fuentes, 2017), sino que también debe luchar contra cierto feminismo falso y comercial que fagocita sus conceptualizaciones y las vacía de contenido político.Mucha de la actual popularización del feminismo es la de un posfeminismo mainstream (McRobbie, 2009;Lotz 2010;Gill 2007Gill , 2011;;Caballero, Tortajada y Willem, 2017), que trata de esquivar.Sin embargo, también debe mucho a la proliferación de producciones en línea de personas que se autodefinen como feministas y que tratan de vincularse con dicho movimiento.En cualquier caso, es evidente que la popularización del feminismo puede contener algunas trampas, ya que, dando visibilidad a mensajes promocionales de algunas celebridades y empresas, puede estar eclipsando tanto las denuncias de la violencia patriarcal como otros ejes de la interseccionalidad (McRobbie, 2009;Gill, 2011, Rottenberg, 2014).La mediatización del feminismo ha adoptado diferentes formas en función de las posibilidades brindadas por las propias plataformas tecnológicas.Lo colectivo y lo artístico han ido dando paso a opciones más individuales y pedagógicas (Keller, 2012), así como a prácticas basadas en la solidaridad afectiva (Keller, Mendes y Ringrose, 2016).Las prácticas activas de consumo y producción (Bruns, 2008) han permitido el surgimiento de identidades diversas, la visibilización de voces y cuerpos marginados (Cochrane, 2013) y la creación de mensajes pro derechos individuales y colectivos (Mihailidis y Thevenin, 2013) y, en este tipo de prácticas, las redes sociales se configuran como espacios de apoyo, aceptación y respeto, lo que pone de manifiesto su potencial feminista (Harris, 2008;Keller, 2012;Szostak, 2013).Aunque, al mismo tiempo, los ataques a las feministas y al feminismo se recrudecen en las redes y la misoginia, en muchos sentidos, campa a sus anchas, Internet ha posibilitado también la creación de una comunidad global de feministas que están combatiendo estas violencias de forma novedosa a través de espacios de resistencia a las feminidades hegemónicas, y del uso del humor para combatir el antifeminismo (Araüna, Tortajada y Willem, 2019).De ahí que este número especial se centre en el análisis de las interacciones entre las prácticas y creaciones feministas, las misóginas y las antifeministas en las redes sociales, a fin de captar la dimensión, la forma y la complejidad de todas ellas.Como evidencia de la normalización de la violencia en todos los espacios, el digital, amparado en el anonimato y las afinidades gregarias resultan un terreno fértil para los discursos misóginos.El uso de internet para expresar las desigualdades y para denigrar y agredir a las mujeres es una práctica globalizada pero también estratégica como foro alternativo a los avances, los logros, las políticas y las prácticas feministas.Con el objetivo último de reinstaurar la normas tradicionales de género y reasignar los roles conformes al sistema sexo-género, la esfera digital se torna en un lugar peligroso para las mujeres: amenazas, intimidación, extorsión, acoso en línea, deseo de inflingir daño.Los ataques son personales y genéricos a la vez, son discursos que alientan conductas pero son reconocibles, comparables, ancestrales en ocasiones.Reconocerlos es la primera medida para gestionarlos, para combatirlos y para erradicarlos.Con este propósito los artículos que se reúnen en esta 1
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