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La autora, siguiendo la vereda abierta por Mario Góngora, se interesa por unos grupos sociales, criminalizados por las autoridades y ninguneados por la historia tradicional, que proliferaron en zonas fronterizas de las Indias durante las transformaciones materiales del siglo 18 que supusieron la implantación final de la sociedad excedentaria o capitalista y una de tantas expresiones de rechazo a las mismas.Concretándose a Chile y de acuerdo con la documentación utilizada, Araya sostiene en la primera parte que esta gente no eran penalizados por vagos sino por vinculados a la cultura del ocio y refractarios a la laboriosidad, y por conductas de ello derivadas del juego al abigeo, del hurto al concubinato y en la segunda parte coteja realidad con discurso de los jerarcas, rastrea la aparición de la vagancia y su imagen de peligrosidad social o la trascendencia cuantitativa del fenómeno; apartado para el que ha usado documentos oficiales, bandos de buen gobierno o sumarios (315) del enjuiciamiento de los acusados.La autora ha vaciado la escasa pero suficiente bibliografía para el marco teórico o la temática en el ámbito hispánico, o detalla especifidades de la citada mudanza en el caso chileno, racionalización de la producción, paso de excedente ganadero a triguero, caída de población nativa y alza de mestiza, lo que implicó cambios en la superestructura política, relación de notables y sus intelectuales orgánicos con la plebe que querían dominar, reafirmando las representaciones identitarias, con nuevos modelos pedagógicos y aceptación del discurso moral contra la holgazanería, deshonesta y transgresora, madre de todos los vicios y fuente de todo tipo de desórdenes, devenido, como en el resto de occcidente, ideología social y hasta teoría antropológica, en el ámbito del engendro de una nueva organización social en la que el sistema pretendía que la inmensa mayoría llegara a ser trabajadora a cambio de bien poco o incluso de nada y compradora, de forma compulsiva, de géneros imprescindibles o que antes producían ellos mismos.Alteraciones perpetradas, por supuesto, en nombre de la libertad, que supusieron el empeoramiento de las condiciones de vida de la pluralidad y una situación todavía más injusta, ello aumentó, otra secuela, el pánico de los explotadores que acrecentaron medidas punitivas contra los acusados de alterar el orden y por ello tachados de ociosos, entrando en un círculo vicioso o en una espiral disciplinar sin salida o resolución alguna y presentada como una cruzada.Expurgar las causas criminales permite a la profesora Araya enfrentarse con este grupo, submundalizado por quienes estaban obsesionados en la defensa del sistema, de empleadores a cabezas de familia, hallando violentos patológicos pero así mismo amancebados, desertores, desterrados, escapados de la
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